01 noviembre, 2016

Cita


Es  una cita. De momento apenas es una expectativa, una posibilidad.

Desde hace media hora debería ser una cita.

Ya sabría si me gusta, si valió la pena invertir tiempo o astucia en seducirla. Ya lo sabría si ella hubiera llegado, si fuera puntual.

Es el segundo brandy. Tiene gusto a la tierra no habitada, a días frescos bajo el sol, a caminar en buena compañía, olvidando el mundo habitado. Me gustó de ella, a la hora de preparar esta cita, que entraba en ese sueño. Podía vernos caminar, antes del sol del mediodía, olvidados, olvidadizos, fuera de los tumultos.

Soy ansioso y eso explica mi puntualidad rigurosa, tan implacable. Y pedirle el tercer brandy a este gentil caballero que me observa como si fuéramos parte del mismo mundo, a veces inabarcable, pero siempre un poco nuestro.

Y para pasar el rato me veo pensando en motivos para brindar: por las caminatas con ella, por sus piernas, por sus hombros al sol, por las pecas que de pronto aparecen como islas dentro de un mapa remoto. Brindo por todo esto y brindo por la ausencia. Y cuando quiero pagar la cuenta ella llega.

Tanto la quiero.