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10 febrero, 2008

Hernán Casciari : "La blogonovela es un espectáculo en directo"

Escritor argentino residente en Barcelona.
Por Mauricio Runno

Cuando todos creíamos que el año 2000 sería más emocionante, que traería alguna novedad, quizá la confirmación de vaticinios o augurios curiosos, cambios esperanzadores, nada. Nada de eso pasó. Ni siquiera el efecto Y2K fue demasiado amenazante. Sin embargo, en la vida de Hernán Casciari, ese año marcó su salida del país.
Llegó así a Barcelona, ejerciendo el periodismo y la literatura. Cinco años más tarde la Deutsche Welle le otorgaría una extraña distinción: su blog, “Diario de una mujer gorda”, sería elegido como el mejor del mundo en el género bitácoras. Este año se convertirá en obra de teatro y película.
Escritor raro Casciari, inclasificable, y tal vez por eso interesante: lejos de las sectas literarias nacionales, distante de la academia (aunque sea hincha de Rácing), su producción va trazando una manera distinta de escribir, del mismo modo que su relación con los lectores. En 2004 comenzó a utilizar Internet para difundir sus ensayos, cuentos y artículos. Un año más tarde, y también desde la Red, le da vida al protagonista de la serie de TV “Mi querido Klikowsky”, que lleva ya cuatro temporadas al aire en la televisión de Euskadi.
En el formato tradicional libro ha sido publicado por Plaza & Janés y Editorial Sudamericana. Su más reciente libro, aún no editado aquí, se llama “España, perdiste”. La sinopsis es bastante auspiciosa: “Después de la crisis económica del año 2000, una nueva camada de argentinos desembarca en España. Son muchos, están muertos de hambre, son profesionales de clase media y tienen un afán secreto: corroer la cultura ibérica hasta desestabilizarla”.
Irónico, inteligente y directo. Así es el diálogo con Hernán, que oscila entre literatura, fútbol y la argentinidad:
- Leí una crónica sobre tu hábito de fumar. Se sabe que fumar es perjudicial para la salud. Pero también se sabe, más los escritores, y más los fumadores, que la relación con el tabaco es, por momentos, de lo más natural. ¿Cómo hiciste para dejar de fumar?
- Hice una cosa peor que dejar de fumar, lo pregoné. Decidí dejar el tabaco dos días antes de que empezara el Mundial de fútbol de Alemania. Es decir, asumí un reto complicado. ¿Cómo puede un fumador empedernido soportar, por ejemplo, unos cuartos de final con alargue y penales, sin cigarros? Y lo logré. Entonces me agrandé y lo dije en voz alta. Me hice el canchero. A los tres meses no me salía un solo chiste bueno y tuve que volver al hábito. Fumar perjudica la salud, pero no hacerlo perjudica el humor. Y yo puedo vivir con tos crónica, pero vivir sin escribir chistes se me hizo insoportable.
- ¿Hubo un momento, en tu vida, en el cual decidiste ser escritor?
- Hubo un momento en que decidí ser mentiroso. Yo creo que ser escritor es solamente un síntoma, la verdadera enfermedad es el engaño. La falsedad es el cáncer, y la literatura es solamente un vómito circunstancial. Yo aprendí a ser mentiroso desde chiquito. Mi primer cuento fue explicarle a mi madre que un viento había abierto la ventana y había roto el florero caro. Ser escritor es saber esconder la pelota.
- ¿Podemos conocer tus primeras actividades literarias?
- A los trece años comencé a publicar crónicas sobre básquet infantil en “El Oeste”, el diario de Mercedes. El trabajo me lo consiguió mi padre, que era amigo del dueño del periódico. Pero ya antes, con mi amigo el Chiri, hacíamos revistas escolares. Desde sexto grado, sin parar. Mentíamos muchísimo. A los dieciséis enviaba cuentos a concursos y a veces ganaba. Y escribía crónicas falsas en revistas y diarios de Mercedes. Después me fui a Buenos Aires y quise estudiar periodismo pero cuando se dieron cuenta que no había terminado la secundaria me dijeron que no podía seguir. Entonces volví y puse un Fútbol Cinco en Mercedes.
- Has escrito: “El fútbol, mal que les pese a los filósofos serios, nos ayuda terriblemente a comprender el sentido de la vida”. ¿Jugaste en algún equipo?
- Desde los cinco años y hasta los veinte jugué a todos los deportes que existen. Mi padre es muy deportista y no le gustaba mucho ver que yo apuntara al ocio creativo. Y tampoco le gustaba mi tendencia a ser gordo. Entonces hice rugby, fútbol, básquet y voley. Pero me fue más o menos bien solamente al tenis. Tenía un buen saque. El fútbol sigue siendo, sin embargo, el espectáculo que más me gusta.
- ¿Cuál es tu relación con la selección argentina?
- Cuando vivía en Buenos Aires era muy crítico. Mi padre me enseñó a odiar a Bilardo (somos hinchas de Racing) y en el 86, por ejemplo, hinchamos para Alemania. Pero en el momento que te vas a vivir a otro país, te convertís en un fanático incondicional. Ahora siento vergüenza de mi pasado germánico. No entiendo cómo pude haber gritado tanto el gol de Andreas Brehme en el 90.
- ¿Podrías explicar lo que significa ver un Mundial fuera del país?
- La metáfora puede resultar muy cruda a esta hora, pero es como masturbarse: con suerte vas a llegar al orgasmo, pero nadie te va a abrazar.
- Ser hincha de Rácing Club ¿no es una especie de género literario?
- A esta altura, yo creo que es violencia de género. Los hinchas tendríamos que hacer la denuncia por malos tratos.- En España, ¿cuál es el equipo al que no te gusta ver perder?
- Mi costado romántico quiere que gane siempre el Athletic, un equipo euskera que solamente acepta en sus filas a jugadores nacidos en el país vasco. La Liga española es la mejor del mundo gracias a brasileños, argentinos y holandeses; y que permanezca en primera un equipo pura sangre es un canto a la identidad barrial, esa cosa que el fútbol ha perdido.
- Apareció un artículo tuyo en “El País”, en diciembre pasado, acerca de la “blogonovela”. ¿En qué consiste esta modalidad de escritura? ¿Cómo se escribe y se lee la ficción on line?
- Imaginate que estás leyendo un libro, la trama ocurre en la Inglaterra actual. Vas por la página cuarenta y el protagonista está por viajar a ver a su hija. Dejás el libro y ponés la radio: atentado terrorista en Londres. Volvés al libro. El protagonista no puede viajar porque hubo un atentado y los trenes no funcionan. En el ángulo superior derecho del libro hay un número: el 211. Son las personas que en este momento están leyendo el mismo párrafo que vos. Tocás el número con el dedo y conversás quince minutos con lectores de todo el planeta sobre lo que está pasando en el libro, sobre el atentado en Londres, sobre cómo continuará la trama. Después seguís leyendo el libro. Más tarde le escribís un mensaje de condolencia al personaje, y al día siguiente él te responde. Parece el futuro, pero los lectores de mis historias leen de esa manera. La “blogonovela” no es literatura, sino un espectáculo en directo.
- ¿Cuál es tu relación con la tecnología? ¿Cómo y cuándo comenzó?
- Me llevo bien con las máquinas, porque me permiten estar cerca de mi familia. De mis padres porque puedo hablar con ellos a diario aunque estén lejos. Y de mi hija porque no tengo que salir a trabajar a la calle y puedo estar con ella todo el día. Pero no soy moderno ni me interesan los cachivaches. Me pasa lo mismo con los autos, no me gustan a nivel fierro, sino en un sentido de transporte. La tecnología me interesa muchísimo cuando logra multiplicar lo que digo en ámbitos diversos y lejanos. Pero no sé poner el antivirus ni formatear una computadora. Esas cosas las hace mi mujer.
- En tu último libro, "España, perdiste", los protagonistas son argentinos que llegan a España como esquirlas de una crisis severa que vivió el país. ¿Tienen el mismo propósito que esas hormigas nacionales que devastan los campos europeos y que nadie consigue desterrar?
- ¡Claro, si el libro empieza así, justamente! El primer párrafo dice: "Empezamos de a poco y en silencio a corroerte, España. Primero llegaron ellas, nuestras indestructibles Hormigas Negras, macizas, hijas de puta, y te alteraron el ecosistema peninsular. Después te mandamos a King África, para reventarte directamente el cerebro”.
- ¿Cuál es la visión actual de la Argentina de hoy, al otro lado del océano?
- Yo creo que el mundo siempre espera un poco más de nosotros, un nuevo record Guiness. La inflación más alta del mundo en 1989, cinco presidentes en una semana en 2001, un marido que le entrega el poder a la esposa hace un rato... Todos acontecimientos únicos e intransferibles. Yo cruzo los dedos para que, dentro de cuatro años, tengamos al primer presidente y vicepresidente siameses, unidos por el omóplato. Eso nos haría muy bien en el exterior.
- ¿Qué escritores argentinos podrían haber nacido en cualquier otro país y nadie lo hubiera notado nunca jamás?
- Yo creo que Cortázar podría haber nacido en Bélgica, Gombrowicz en Polonia, Quiroga en Uruguay, César Tiempo en Ucrania, Antonio Porchia en Italia y Groussac en Francia y nadie se daría cuenta de que no son argentinos.
- ¿Cuáles serían los más representativos de una llamada literatura argentina? ¿Por qué?
- Ah, qué se yo. A mí me gusta muchísimo leer, pero no hacerme preguntas fuera de la trama. Me pasa lo mismo que con la tecnología. Me gusta andar en auto, pero no sé las marcas de ninguno. La literatura es, más que nada, un medio de transporte.
- En otro artículo reciente afirmas: “El argentino sabe que en su tierra las crisis son cíclicas: primero hambre, después atracón, más tarde diarrea y de nuevo hambre. Así ha sido y será siempre”. ¿Será siempre? ¿Es nuestro destino inexorable?
- Esa frase se la robé a Jodorowsky, que un día explicaba así, en la tele, el destino de la Humanidad en general. Y creo que ese bucle también puede resumir el destino nacional y, por qué no, el porvenir individual de cada uno de nosotros. Yo también soy hambre-atracón-diarrea en mi vida privada. Y nunca pude definir si esa tara me viene de ser argentino o de ser humano.
- La televisión alemana destacó a uno de tus blogs (“Diario de una mujer gorda”) como el mejor del mundo. ¿Cómo fue saber de esa distinción? ¿Cambió tu predisposición a escribir ficción en Internet?
- No, escribía las mismas pelotudeces antes y después del premio, pero ayudó mucho a la venta del libro que surgió de ese blog, y que salió aquí en España justo en esa época.
- ¿Qué habrá sido lo que ellos encontraron para distinguirte entre tantos blogs del mundo?
- Lo tengo clarísimo. El jurado de ese concurso anual de la Deutsche Welle está integrado por 16 tipos de muchos países. Un chino, un brasileño, un francés, y después alemanes, ingleses, yanquis… Ni uno sabe castellano. Por suerte mi blog, además de historias, tenía muchas ilustraciones. Así que me parece que lo eligieron igual que mi hija elige los cuentos en la biblioteca: por los dibujitos.