19 mayo, 2016

Mr Robot, 5 o más razones para ver una serie sobre la lucha de clases del futuro binario

Mr. Robot tiene apenas 10 capítulos y a mediados de julio próximo comienza la consabida segunda temporada, según las leyes aún no escritas del género "serie de televisión".

Su éxito en Estados Unidos se garantizó apenas con los resultados de su primera emisión. Cuando el capítulo había terminado los gerentes de  USA Network se adelantaron y aseguraron que la historia favorita de los hackers del mundo tendría continuidad en una temporada 2.

"Todos vivimos en las paranoias de los otros"

1) En Mr Robot no hay buenos, sino menos malos, en el sentido más griego del concepto de los hombres de a pie, sin alas, que hasta en estos días conocemos como héroes. O mejor, en Mr Robot se aglutinan las contra caras del héroe clásico. Los malos del mundo occidental, que parecen ser los empresarios, son el específico blanco de los que, no tan siendo buenos, resultan menos malos, aunque la maldad resultante varíe entre lo anárquico, casi hasta lo inconducente, y lo tiernito de ingenuos. Al fin hay que aceptarlo: los menos malos entre los malos no tienen mucha opción. Y la esperanza es una especie de caos sin ideología, una fuerza confusa, raquítica, quizá populista y no menos demagógica. "Rompan y destruyan". Es la única idea. ¿Después qué? Ninguna otra idea. Ni medio plan. Algo los ampara a los menos malos entre los malos, como a otras razas de todos los tiempos: quieren cambiar el mundo. Lo dice una de las voces del protagonista: queremos influir entre el 1 % del 1 % que domina el planeta.

"Dale un arma a un hombre y el puede robar un banco. Dale un banco a un hombre y el puede robar el mundo"

2) ¿Hay un planteo audaz? Lo hay, si es el caso de pensar sociedades en permanente ebullición, como si con eso alcanzara para cumplir algún objetivo de largo alcance. Mr Robot cuestiona el capitalismo, tanto como lo hizo Engels en su época. Ahora, y aquí comienza el asunto que nos atañe, el capitalismo depende, apenas, de un cable, de aparatosos edificios en los cuales se guardan los datos. Hacia el final de la serie hay un conglomerado que ha sido quebrado, hay un mundo de negocios en llamas, hay presidentes preocupados por ese impacto de los menos malos haber dejado a cero las deudas de personas y países, sin posibilidad de recuperar historial y antecedentes. Y no hay mucho más que incertidumbre entre los responsables del que se supone es la acción de hackeo más exitosa en la historia. A tal punto reina la zozobra que ni ellos, los piratas, saben quién capitalizará ese estado de cosas. Todo empeora si nos detenemos en el protagonista de toda esta revuelta: ni siquiera él sabe lo que pasó con el mundo a partir de instaurado su plan de "justicia". Tal vez todo haya sido contagiar un simple estado de ánimo. El poderoso, el presidente del conglomerado, no aparece sobresaltado ante el crack, sino más bien todo lo contrario: sí está excitado ante un escenario que vislumbra como más que ventajoso para seguir en la ruta de sus negocios. Los más malos tambalean. Es probable. Pero no del todo. Como todos, incluso los buenos al estilo del héroe griego.

Sam Esmail, el egipcio que ya es un gurú en la cultura hacker del planeta.


3) Elliot, el cerebro tecnológico de Mr Robot, es acaso uno de esos tantos chicos que oscilan en el afuera y están tan dentro del sistema como cualquier ascensor de edificio corporativo. Trabaja en una de las empresas proveedoras de seguridad informática del conglomerado. Lo hace realmente bien. Pero lo que mejor hace lo hace fuera de la oficina. Se trata de un chico que padece una enfermedad contemporánea: es un inadaptado social. No soporta que lo toquen, ni siquiera que lo rocen. Flota entre las multitudes oyéndose a sí mismo. Ha configurado el mundo como si fuera un sistema operativo personal. Recurre al analista para remediar la culpa de ser como es. Y de tanto estar al borde de la avenida de la sociedad de consumo encuentra venganza en su verdadera dimensión: la de fisgón de vidas ajenas. Allí es intérprete del género humano valiéndose de datos, información, tendencias. Sería un buen sociólogo, ya que su agudeza para comprender el escenario y los actores de la vida es asombroso. Quizá lo sea. Y por saber más de lo que vive, más de lo que le cuentan, más de lo que siente, nada lo sorprende. Sus silencios en las series exasperan. Sus miedos otro tanto. Y sus refugios son desoladores: drogas sintéticas, planes devastadores. Sin embargo, Eliot posee una capacidad extraordinaria para intentar cambiar el mundo que no deja de confinarlo a zonas de extrema soledad. Es un héroe antipático, poco popular, nada gracioso y casi siempre patético, incluso para quienes están más cerca suyo.

"Cambiamos el mundo todos los días. Pero para cambiarlo de un modo significativo lleva mucho más tiempo del que las personas tienen. Nunca sucede al mismo tiempo. Es metódico. Es exhaustivo. Ni siquiera todos tenemos el estómago para eso"

Christian Slater, la única estrella en una serie de novatos muy talentosos.


4) Mr Robot es un producto cultural de un don nadie, hasta ahora. Fue pergeñado por el escritor y director egipcio Sam Esmail. Suele contar que el proyecto nació de dos sucesos que lo conmovieron y los que se abocó a encontrarle un hilo conductor: uno de ellos es lo que conocimos como la primavera árabe. "Soy egipcio. Así que fui a Egipto después de todo lo que pasó y lo que creía que era tan cool es que tenías estos jóvenes que estaban enojados con el país, enojado con la sociedad y su mayor motivación fue que eran jóvenes y enojados". Esmail se refiere a cómo estos jóvenes airados utilizaron "los medios sociales y la tecnología, a la que controlan, a diferencia de las generaciones más viejas que no saben usarla. Eso trajo consigo un cambio muy positivo". La segunda experiencia es lo ocurrido con el movimiento Occupy Wall Street, nacido en España y exportable a varias ciudades y países. Antes que las protestas se iniciaran el 17 de septiembre de 2011, el Alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, dijo en conferencia de prensa: "Las personas tienen derecho a protestar, y si quieren protestar, nos complacerá asegurarles que tengan lugares para hacerlo". Pareció otra ironía desde el riñón del poder. No es para burros ser parte del 1 % del 1 % más influyente del planeta. Sam Esmail ha escrito una novela sobre el poder. En ese caso, se emparenta con Los Soprano, o con los sobrinos de quienes hacen House of Cards. Parece una broma juvenil, si se quiere. Aunque lo mismo pensaban en la familia del zar ruso, a principios del siglo XX.



5) De qué se trata la sociedad que decepciona tanto al protagonista. "Oh, no lo sé", le explica a su analista. Y tras un silencio explica: "¿Es que pensamos colectivamente que Steve Jobs fue un gran hombre, aun cuando sabíamos que hizo miles de millones con el trabajo de los niños? O tal vez es que se siente como todos nuestros héroes: falsificado. El mundo mismo es sólo un gran engaño. Nuestros medios de comunicación sociales fingen intimidad...". Elliot, el genio indomable, él y su coral de voces internas, se termina transformando en un narrador muy poco confiable. Esta tensión dramática es lo más osado de Mr. Robot. Posiblemente esta relación en pantalla es lo que concita la atención sobre un misterio que se aleja y vuelve a él como una forma narrativa no usual en la televisión. Para Esmail, el misterio de lo que es real y lo que no va mucho más allá que el carácter particular. "La realidad, en mi opinión, se ha vuelto borrosa. En estos días, nuestras identidades en línea pueden parecer más reales y más consecuentes que nuestro ser de carne y hueso". Esmail deja a los espectadores fuera de balance con respecto a quién es peor: los piratas informáticos o los supervisores corporativos. Es una gran virtud. Y después de todo, amigos, esto es América.



6) La música, toda la música, y algunos encuadres de fotografía, son simplemente fascinantes.




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