Juan Emme, el cello virtuoso





Por Mauricio Runno



Mapa de un músico mendocino desbordante de talento. Ese sería el título para explicar la nota a Juan Ignacio Emme. Es parte de una generación que suele ser bastardeada. O ninguneada. Y no sólo es su reclamo, sino el de cientos de jóvenes. Tiene 23 años y es uno de los talentos impares de la Mendoza profunda. Presenta una carrera espeluznante, hecha con esfuerzo, sacrificio, voluntad. Un tiempo atrás pidio licencia en la Sinfónica para realizar un curso de posgrado en Tel Aviv, en Israel. El cello de Juan es una oportunidad para conocer los pasos de un camino que sólo se define por una capacidad y sensibilidad extraordinarias. Basta repasar junto a él la métrica de sus días en estos dos últimos meses.
Es un chico que conoce el mundo, al que recorre como si fuera una aventura sin peligros. Muy tranquilo y pleno se lo ve en la tarde de ayer, cuando el feriado inspira algún tango en alguna ciudad. Cuando llega al reportaje viene con un amigo, de su misma edad. Otro de la generación subestimada. Apenas se sienta recuerda a Eduardo Pinto, y se detiene hablando del talento musical de este colega suyo que a principios de año murió trágicamente en Uruguay. Después comienza un diálogo lleno de vigor, frescura, un homenaje a las bitácoras de viaje. Imperdible el paso de Juan Emme por la parada Mendoza. Si alguien cree que esta sociedad está en crisis, sírvase oprimir el dígito SOS.

- ¿Cómo ha sido tu paso por Mendoza en los últimos tiempos?

- Vine en septiembre pasado, pero estuve poco tiempo, 20 días. Fue un viaje que me pagó una orquesta, patrocinada por Lufthansa. Y me volví a Israel. Allí vivo desde octubre de 2007. Estoy haciendo un master en la Universidad de Tel Aviv. Lo más interesante de esta experiencia, sin embargo, no es la facultad, sino la Buchman Metha School of Music, la escuela del maestro Zubin Metha. Buchman es quien se encarga del dinero y Zubin Metha es el que pone su prestigio. Y así como sucede con varias academias en el mundo, ésta prepara músicos para ingresar a los orquestas más importantes.


- O sea que es un paso previo para acceder a otros puestos.


- Claro. Incluso, si necesitan reemplazos, los buscan en estas academias. Y para Israel funciona igual que la de Berlín.


- Antes de seguir conviene aclarar que la Filarmónica de Israel es una de las mejores del mundo.


- Sí. Están las de Berlín, la de New York, la Chicago Simphony, por los metales. Mi función en la academia es la de primer violoncello en la orquesta. Y por esa razón tengo muchas posibilidades de ingresar a la Filarmónica de la ciudad.


- Conociéndote hay que preguntarte si te interesa esa carrera.


- (Ríe) No me interesa, para nada. Trabajan muchísimo, se la pasan de gira, pagan tres veces menos de lo que habitualmente se cobra en cualquier orquesta de Europa y el actual nivel no es el que tenía en los años 90. Digo, toda esa producción de videos, DVD, ha mermado. En el lapso de 10 años se abrirán 40 cargos allí. Esto habla que hay muchos músicos que están en edad de jubilarse. Seguramente luego de la renovación volverá a ser una gran orquesta. Más allá de estas razones también es cierto que es un país muy problemático.


- De cualquier modo Tel Aviv es una ciudad bastante atípica, cosmopolita...


- Hay mucha gente de distintos lugares del mundo. Muchos judíos que se quedan a vivir, especialmente latinoamericanos. Yo fui a tocar a un kibbutz, en la frontera con El Líbano, en el cual viven todos argentinos. Y es una zona caliente, donde permanentemente se está expuesto a sufrir los “avisos” de conflictos mayores. Cuando íbamos en camino me contaban acerca de esos puestos.

- ¿Con quiénes tocaste allí?

- Con el Getler Quartet, que es la cara visible de la universidad. Todos los comienzos de año se hace la audición, entre todos los músicos de la universidad, para ocupar un lugar allí. El grupo está compuesto con dos violines, viola y cello. Tuve la gran suerte de, apenas llegado, ir a la audición y quedar en la selección. Iba con mucho miedo, porque el nivel es realmente muy exigente. Pero afortunadamente pasé las pruebas. Y el cuarteto es un grupo de la universidad que se encarga de representar a la institución, así como hacer conciertos para recaudar fondos. Incluso hicimos una gira por Estados Unidos durante enero de este año. Fuimos a New York y San Francisco. Tocamos con el maestro Zubin Metha en las Naciones Unidas en un concierto organizado para recordar el Holocausto.


- ¡¿Y te dirigió el maestro Metha?!


- Sí. El maestro hace dos programas al año con esta orquesta, con la juvenil de la Filarmónica.


- Lo contas como si fuera algo realmente muy sencillo.


- (Piensa) Es fuerte, sí. Lo que pasa es que si te metés a pensar en lo que significa te da miedo.


- Habrás oído a Metha desde niño…


- ¡Por supuesto! He visto conciertos en DVD; escuchado sus conciertos en cd…


- ¿Pero imaginaste que un día podías ser dirigido por él?


- ¡Por eso digo que da miedo pensarlo! Es fuerte, sí. (Piensa) ¿Conoces a Gustavo Dudamel?


- ¿El venezolano?


- Sí. Yo he tocado mucho con él. Con la Orquesta de las Américas y ahora con esta. El ha dirigido la Filarmónica. Hicimos una obra que tiene muchos solos de violín y de cello. Y yo estaba de primer cello. Y la presión que eso genera es muuuuyyy grande. Crea mucho estrés. Pero, sino pensás, tocás. Ahora, si te pones a pensar en el que está al lado tuyo, o enfrente, no podés tocar. Por suerte a Dudamel lo conozco de antes y hay buena onda. Llego, me saludó. Es buena gente. ¡Y tiene 28 años! Está en un nivel impresionante, dirige todas las orquestas del mundo.


- Llegaste a Mendoza hace 10 días. ¿Podrías contar cómo han sido tus dos últimos meses?


- (Ríe) Movidos. Estuve por segunda vez en el año en Estados Unidos, en mayo. Viajé para presentar un CD que hemos grabado con un grupo de Mendoza.


- ¿Tenes un grupo acá?


- Bruno Cavallaro es un chico que estudia violín y además es compositor. E hicimos un CD con todos temas de él, que se llama “Ciudadana locura”. Está grabado todo acá en Mendoza. Es tango, aunque un poco más moderno, con algunas influencias de jazz y de música popular. Eduardo Pinto, el bajista que falleció en un accidente en Uruguay este año, tocó en un tema. Lo que hizo fue impresionante. Cuestión es que presentamos este disco en Washington, con la orquesta la Pan American Symphony, en la embajada de México y en la nuestra.


- ¿Este es un proyecto independiente?


- Sí, y de la música clásica, mucho más. Es lo que me desconecta. Pablo Cafici en el piano, Juan Pablo Jofré en bandoneón y Bruno.


- Retomemos tu vida de los dos últimos meses.


- Bueno, de Washington volví a Tel Aviv. Estuve 15 días para tocar con el cuarteto Getler. Y en junio volví a viajar, pero a Alemania, a Scheleswig-Holstein. Ahí se hace un festival, que se hace en un castillo, acondicionado para la orquesta. Es un festival de música de cámara. Allí hice la preparación de conciertos, con esa orquesta, para otras ciudades de Alemania, además de la del festival de música. Y de allí viajamos para presentarnos en Armenia, Lituania y Rusia. Terminamos en el Festival Noches Blancas.


- ¡En San Petesburgo!


- Sí, en Rusia. Un festival importante, muy lindo. Y es lo que decía recién: no hay que darse cuenta de lo que pasa, porque sino empieza el miedo (ríe).


- ¿Conocías Armenia o Lituania?


- Ninguno de esos países. Y también fue la primera vez que estuve en Rusia. Armenia es muy pobre, parece detenido en el tiempo, como Georgia. En Lituania ya se ven mejores cosas. Igual el sur de Rusia es bastante pobre, ya que fue la zona más castigada por la guerra. Y San Petesburgo… es un lugar con mucha historia. El palacio de Invierno, en fin, una verdadera maravilla.


- En esa orquesta, ¿eras el único argentino?


- Ahora había otro chico, de General Roca, Río Negro. Alejandro Aldana. Toca el violín, pero vive en Alemania. Tiene 23 años. Es muy talentoso. Estudia en Frankfurt. Estos festivales son muy importantes en el circuito de la música clásica europea y asisten a personas muy influyentes. En uno de ellos, el día siguiente a nuestro concierto se presentó Chick Corea. Y así van pasando solistas y grupos, no sólo de música de cámara sino también de música popular.


- ¿Cómo llegaste a tocar allí?


- El año pasado me invitaron. Y fui el primer cello. Y ahora cuando viajé a Alemania estaba de los pelos, porque me invitaron a un tour especial que hizo la orquesta. Ellos te invitan, vas como principal de la orquesta, pero antes hay audiciones. Dos meses antes de viajar te mandan un libro con todas partituras. Y si al llegar no estas preparado, te volves. La orquesta tiene su nivel, hace giras, es reconocida y prestigiosa. Y no puede sonar mal.


- Hace unos días, Manuel Mas, en un reportaje, se mostró en una faceta desconocida: melómano. Me sorprendió que el único festival que se organiza aquí en Mendoza no lo consultara ni lo involucrara. ¿Sucede lo mismo en tu caso?

- (Piensa) Acá vive pasando eso todo el tiempo.-¿Qué? ¿El ninguneo?- Sí. Ayer vino Bruno, el violinista, a mi casa. Estuvimos hablando. Y en un momento me dijo: “¿Sabes cuál es tu problema? Seguís teniendo cara de nene” (risas).


-Vas a tener que dejarte barba.


- O que me salgan canas, o algo así. Acá sigo siendo el nene con talento y no un músico que todavía tiene tiempo para crecer y madurar, pero que ya está a un nivel profesional creo que importante. A pesar de eso sigo estudiando y buscando cosas. La música es así: no se puede parar de estudiar. Quizá por eso no me toman como relevante. Y tampoco te dan un lugar. Ahora, por ejemplo, yo tenía una fecha para un concierto con la Filarmónica, a fines de septiembre, en el Teatro Independencia. Y ya me lo patearon para después. Y siempre viven pateando todo para después. Y me ofrecieron una fecha, pero no puedo porque para esa nueva programación no estaré más en Mendoza, a pesar de decirles que estaría desde julio hasta septiembre. También hice las gestiones para tocar con la Sinfónica, como solista. Y me dijeron: “Como estas de licencia, hasta que no vuelvas, no te podemos dar una fecha”.


- Una locura. Máxime si se piensa que viajas por lo menos hace 15 años por el mundo, tocando para distintos públicos, obteniendo premios e invitaciones de orquestas importantes, y que, por lo que sé, lo que más desearías sería vivir en Mendoza.


- Sí, siempre ha sido ésa mi idea. Aunque ahora no sé si es Mendoza el destino, pero sí lo es Argentina. Y en esa elección Buenos Aires es lo más conveniente para mi actividad. Hasta hace un tiempo Mendoza era el lugar en el que quería vivir. Siempre he sido muy apegado. Y es lo que quiero hacer. Venir siempre, e incluso hacer una escuela. En definitiva es traer algo de lo que veo afuera, de cómo funcionan las cosas. Y tratar de cambiar otras que se hacen aquí. No sé si Mendoza es el lugar. Quizá lo sea dentro de 10 años.


- ¿Y el Festival de música clásica por los Caminos del Vino?


- Yo he tocado mucho en ese festival. Y creo que con el tiempo se ha desvirtuado. En su plan original era un Festival Internacional de Música de Cámara. Y la idea era integrarse a un calendario, invitando a figuras de otros lugares. Una vez vino Guidon Kremer. Y cuando le pagaron el cachet, creo que eran cinco mil dólares, todos se quejaron por eso. La idea y el concepto del festival son buenísimos. Pero volvemos a lo mismo: las autoridades que están a cargo, pueden tener mucha idea de lo que es el marketing o de cómo hacer negocios, cuestiones que en la música clásica se necesitan y mucho, pero no saben cuál es la diferencia entre un músico profesional y un amateur. De Alemania, por ejemplo, se podrían traer músicos muy importantes, que si bien no tienen el nombre famoso, aceptarían gustosos la invitación.


- Es inevitable preguntar por lo que estás oyendo.

- Justamente hoy a la mañana estaba mirando videos de Rostropovich, porque me levanté estudiando. Para mí es el papá del cello. Se habla mucho de Pablo Cassalls. Marcó una diferencia entre lo que era tocar imperfectamente y levantó el nivel técnico del cello. Antes de 1910 se hablaba que el cello era un instrumento muy difícil para tocar y para afinar, y así entonces se permitía tocar desafinado o equivocarse.


- ¿Después de Cassals el cello se hizo más preciso?


- Sin dudas. A nosotros, los músicos, nos arruinó la vida (risas). Pero ahí marcó la diferencia. Y se hizo más conocido por su resistencia al franquismo. También recuperó los manuscritos de Bach, sus obras compuestas solamente para cello. Por todo esto se habla de Cassals como el padre. Pero para mí es Rostropovich. Es un dios del cello. Y él vino a este planeta para mostrarnos cómo se toca el instrumento. Fue un día muy triste cuando se murió. No tuve la suerte de verlo en vivo ni conocerlo…


- Aquí estuvo, en el Colón, con Renán. Realizó la dirección musical de la ópera de Shostakovich, "Lady Macbeth de Mzensk". Su sola presencia era mágica.


- Rostropovich es de las personas que uno siempre siente cercanas. Es mi héroe.


Link permanente: http://www.mdzol.com/mdz/nota/57217

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
el virtuoso musico jaun ignacio emme es el mejor musico mendocino con caracteristicas admirables de su talento me gustaria que postearan mas informacion , si mes posible videos . he asistido a sus conciertos y es impactante como expresa su talento , uno se contagia ... espero que mi peticion sea cumplida.
stella marysluna mendoza

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