28 enero, 2012

El carnaval de los indios Chané o el viaje de los nómades


El carnaval de los indios chané es uno de los más insólitos que se celebran en Argentina hoy en día. Sucede desde hace varios siglos, en el límite con Bolivia, en la frontera con Salta. Su raíz se emparenta con las tradiciones y la cosmogonía de los indios del Amazonas y el recorrido de esta tribu, desde el Caribe hasta sus actuales dominios, representa uno de los viajes menos difundidos en nuestra literatura
La Casa de Mendoza en Buenos Aires en algún momento fue una oficina de prestigio, que alentaba el conocimiento, la cultura y servía, además, como puente entre distintas visiones, permitiendo un conocimiento más "federal", menos sujeto al centralismo y al relato oficial. En el invierno de 1949 se organizó allí una charla sobre "El carnaval de los indios chané", a cargo del profesor Enrique Palavecino y su esposa, María Delia Millán de Palavecino. La presentación estuvo en manos de otro gran investigador argentino, Carlos Vega, al que sólo basta guglear para saber qué clase de pionero representa.  
Palavecino comenzó la disertación haciendo un breve resumen de la vida de estos aborígenes que residen en un pequeño trozo de los territorios argentinos linderos con Bolivia, en el extremo norte del Chaco salteño. Seguidamente hizo referencia a los distintos viajes emprendidos a esa región desde el año 1938 hasta 1949 con el objeto exclusivo de recoger informaciones y materiales etnográficos.
Estos viajes dieron como resultado principalmente la recolección de más de 200 máscaras, que se encuentran hoy depositadas en el Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y en el Museo de La Plata (cuando se dice hoy se habla del invierno del 49). Dichas máscaras son empleadas por los indios mencionados en una fiesta que coincide con nuestro carnaval, pero que, según Palavecino, es una adaptación de una vieja costumbre nativa caracterizada por danzas enmascaradas dentro de la corriente cultural determinada por la presencia de los blancos en esas regiones.
Entre los rasgos más salientes de la fiesta, presentados comos caracteres fundamentales se encuentran estos bailes de espíritus. Este carácter se deduce de varias circunstancias: en primer lugar del nombre que recibe la máscara: “aña”, que en idioma guaraní es alma o espíritu. En segundo lugar resalta también el carácter sagrado en la actuación misma de los enmascarados, los cuales desempeñan un papel especial como ordenadores de la danza y por los privilegios de los que disfrutan, tales como el del poder apoderarse sin oposición, por parte de los dueños, de todo aquello que ven y deseen.
Igualmente acentúa la singularidad de la máscara el hecho de que los invitados que la llevan nunca beben chicha en los recipientes que circulan entre los invitados no enmascarados, sino que se sirven la bebida en los cuencos o jarros que cada enmascarado tiene.
Pero si quedase alguna duda sobre el excepcional carácter de la máscara entre los chané bastara el hecho que, una vez terminada la fiesta, las máscaras son destruidas, porque si se conservan es creencia general que la peste y la escasez asolarían la tribu.
Palavecino se ocupó del arte de las máscaras entre esos indios, explicando el proceso de la fabricación y su técnica y enumeró también los diferentes tipos de máscaras hasta entonces conocidas. La conferencia terminó señalando la analogía estrecha que todo el carnaval chané, en su conjunto, tiene con las danzas de espíritus que se celebran entre algunas tribus amazónicas, de las cuales los chané son representantes vivientes en nuestro territorio.




¿Quiénes eran los chané?
En 1986, en Argentina, los Chané censados llegaron a 2.500. El 90% de los Chiriguano-Chané de Argentina trabaja en ingenios, fincas, aserraderos y quintas.  Unos pocos trabajan para YPF, distintas empresas viales, hidroeléctricas,  o como peones de los municipios. Tradicionalmente son agricultores de maíz, zapallo y porotos, pocos pueden vivir actualmente de la tierra, porque no la tienen. Son cosecheros golondrinas: desde la Zafra del norte van a la vendimia cuyana, llegándose a Río Negro y Neuquén para la cosecha de la manzana (información del portal oficial de la provincia de Salta, Argentina). 
El reino de los indios chané se ubicaba en la región del Chaco Boreal, es decir, en actual territorio boliviano, y en la Cordillera Oriental, entre los ríos Guapay y Parapeti.  En territorio argentino ocuparon solamente una pequeña porción del chaco salteño, en la zona de Orán. Su límite más austral era la zona de los ríos Itáu, Caraparí y Pilcomayo. Fue un grupo amazónico perteneciente al subgrupo lingüístico Arawak, venido desde América Central al Mato Grosso y desde allí al Chaco Boreal.
Sus técnicas agrícolas  y la alfarería eran de gran factura. La cultura chaquense-prehispánica fue dominada por el pueblo guaraní.  En 1901 los Chané recibieron 90 mil hectáreas de tierra. El motivo de la penetración a territorio argentino, sobre todo al norte salteño, fue la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay  (1932 –1935). 
Estos grupos, cuyas características físicas son similares a la de los guaraníes, son más bajos, rondando los 1,62 m los hombres y un poco más bajas las mujeres. Fueron los que mejor desarrollaron el arte de la alfarería y el de los tejidos, sobre todo el de lana y algodón.
La vestimenta de las mujeres era una especie de cubresexo. Con la llegada de los españoles, los hombres comenzaron a usar tabarrabos de cuero o de algodón y también, con la llegada de los conquistadores y evangelizadores, se dejó de practicar la antropofagia.
Con respecto al Carnaval (Candabare), y de acuerdo a sus creencias, en esta época reina el Diablo (Aña) y comienza con la floración del árbol taperigua. Se preparan las máscaras de yuchán o palo borracho y se hace la chicha. Cada comunidad tiene su propio Dueño del Carnaval (Aña Campinta). Él indica el inicio tocando un cuerno de vaca (waca ranti) y se inicia una procesión al son del pim – pim y se lleva un cruz sobre la cual se coloca una corona de flores. El tiempo del carnaval dura lo que la floración del taperigua. Los instrumentos musicales son la flauta (temembí), el violín, otro tipo de flauta (pinguyo), el bombo (angua guazu) y la caja (angua rai).
Esta festividad, la más importante, tiene tres momentos: el carnaval grande que dura diez días, el carnaval chico que comienza tres semanas después y la botadura o entierro del carnaval que se realiza un día domingo. Ese día se queman todas las máscaras y se entierran algunos elementos propios de la festividad en la playa del río. Creen que si no se bañan en el río, la comunidad sufrirá penurias.
También se realiza una ceremonia donde se representa la lucha simbólica entre el tigre y el toro y de la cual también participa el chancho, que es otra persona cubierta de barro que ingresa al ruedo persiguiendo a los observadores para ensuciarlos. Actualmente, el uso de máscaras de yuchán, solo se ve en los corsos organizados por las comunidades urbanas. En sus comunidades solo usan capuchas de tela con lentejuelas cubriéndose toda la cara y las mujeres se adornan con flores en el pelo.
Para Hipólito Guillermo Bolcatto, un especialista en el estudio y difusión de esta cultura, “la máscara es un doble del hombre. Disimula una identidad y constituye otra. Congela algo esencial a la vez que origina una nueva vida. Y a partir de ese momento, ambas identidades conviven en un mismo tiempo ceremonial. La máscara artísticamente elaborada siempre tiene como uno de sus objetivos esconder la personalidad. Los rituales de ceremonia y la liturgia servían para mantener el orden del mundo y asegurar su pervivencia. El adorno siempre ha sido muy significativo. Con él no se buscaba acentuar la individualidad sino, al contrario, disolver la personalidad. Además, en casos, se pretende aparecer como un ser sobrenatural (...)
Las poblaciones aborígenes extintas o vivientes que el territorio argentino comprende fueron poseedoras de modos de vivir que corresponden a los tres grandes grupos culturales sudamericano: el andino, el amazónico y el de los pueblos de recolectores y cazadores primitivos. Los tres sectores tuvieron o tienen máscaras, pero el más notable, fuera de toda duda, es el grupo chané, de filiación amazónica”.




El carnaval chané y el sentido mágico-religioso
Los indios chané  son creadores de  máscaras que usan en la fiesta anual de la cosecha del maíz, cuya fecha coincide parcialmente con nuestro carnaval, pues tiene comienzo dos semanas antes y termina dos o tres semanas después. Los rasgos más salientes de ese carnaval consisten, no sólo en el simple uso de la máscara, sino también en el sentido mágico-religioso que éste tiene.
Cuando en el monte florece el taperigua (Cassia carnavalis), los chiriguano- chané inician la celebración del areté (la verdadera fiesta o "el verdadero tiempo"), que proseguirá hasta que sus flores comiencen a marchitarse. Pese a las importantes y constantes pérdidas y modificaciones, el areté sigue conservando en nuestros días claros elementos de su esencia como antiguo ritual agrario y cazador.
Una de las características más visibles y sobresalientes del areté es el uso de máscaras rituales, las llamadas aña-aña por parte de sus participantes varones. El uso de las máscaras por parte de los varones durante las fiestas es una de las características más sobresalientes.  Para confeccionarlas utilizan la madera del yuchán o palo borracho, al que denominan samóu.La máscara chané lleva el nombre genérico de aña-aña (aña: "espíritu", "muerto", "demonio").
Para construir su máscara, el joven chané debe internarse en el monte solo, provisto de un hacha, de un machete y un cuchillo, en busca de un samóu. A veces debe recorrer varios kilómetros hasta encontrarlo. Una vez cortado el árbol, con su tronco confecciona varias máscaras, valiéndose del machete y el cuchillo. La madera del samóu recién cortado es blanda y muy fácil de tallar. Este trabajo debe realizarse en la soledad, secretamente, para que llegado el momento de usar las máscaras nadie pueda reconocer a su portador.
Las que se utilizan durante todo el tiempo del carnaval representan a jóvenes y se denominan aña tairusu (joven). Se caracterizan por tener una prolongación en forma de pantalla por encima de la cara, llamada hanti (hanti: "cuerno", "asta"), por lo que a estas máscaras se las conoce también con el nombre de aña hanti. Esta especie de pantalla es de forma rectangular, de tamaño variable. Su superficie está calada o dibujada con distintos motivos decorativos. La cara es redonda y plana, destacándose únicamente la nariz, de rasgos rectos, con forma a veces de pirámide truncada. Los ojos son dos finas ranuras horizontales para permitir la visión, y las cejas y la boca son dibujadas. Algunas máscaras presentan otros detalles pintados, como bigotes o dos puntos circulares a la altura de las mejillas. El contorno de la cara lleva a veces un adorno hecho con plumas que se sacan del pecho de las gallinas, vacu o pava del monte o uru, buitre o cuervo, y que se introducen en perforaciones hechas a tal fin. A estas máscaras con plumas se las denomina aña uru rave (uru: "gallina", "pollo"; rave, ragüe: "pluma").
Cada individuo construye tres de estas máscaras, con distintos dibujos en el hanti, para usar a lo largo del día. La máscara que se usa por la mañana lleva dibujado o calado un sol. Al mediodía se usa otro modelo, que suele llevar una pequeña visera tallada en la misma madera, para resguardar la vista. Los motivos decorativos del hanti de estas máscaras son muy variados y consisten en flores, animales, figuras humanas o simples dibujos geométricos, calados o pintados. A estas máscaras con viseras aña ingora (gora en esp. gorra) o aña sïndaro.



Cuando comienza a caer el sol, el joven chané usa otra máscara, ya sin visera y cuyo hanti lleva dibujadas o caladas figuras asociadas con la noche, tales como murciélagos, estrellas, etc. Las "aña ndechi" significan espíritu de viejo, su talla es grotesca o simplemente monstruosa. Es en esta clase de máscaras donde mejor se revela la imaginación de los indios chané y su capacidad de vigorosos tallistas.
Las máscaras de animales suelen ser muy realistas. Una vez practicado el hueco, el hábil manejo del cuchillo irá conformando la figuración en sus mínimos o más destacados detalles. Las representaciones más comunes suelen ser de loro y a veces tucán, perro, venado, chancho de monte, jaguar, puma, mono y más modernamente también toro, caballo y chivo.
Al carnaval hay que "sacarlo". El sonido de una corneta llamada waca ranti (waca esp. vaca; ranti: "cuerno") tocada por el jefe del carnaval indica que ha llegado el momento de iniciar la fiesta. Los jóvenes se disfrazan y van a reunirse al monte en un sitio convenido de antemano, junto con los hombres y mujeres sin máscara; llevan chicha y se quedan haciendo música y bebiendo desde la mañana hasta el mediodía.
Cuando se inicia el baile en ronda, los enmascarados se alejan al monte desde donde regresan en fila, tomados de la mano, a la ronda a la que tratan de romper para finalmente incorporarse a la misma. Otros enmascarados de a dos o tres bailan por fuera de ésta, con el brazo pasado sobre el hombro de su compañero, formando una rueda. Cuando termina un baile, los participantes del mismo se sientan en círculo junto con la concurrencia, y aprovechan para beber y descansar. Los enmascarados llenan de chicha un jarrito que llevan siempre consigo, y se retiran a un lugar apartado. Esto lo hacen para no ser identificados, pues para poder beber, necesitan levantar en parte la máscara. Entre los chiriguanos se ha observado que hacen en sus máscaras de telas una perforación a la altura de la boca, y sobre ésta, colocan un barbijo que levantan para poder beber.
Durante la fiesta, los enmascarados distorsionan su voz, con el fin de no ser reconocidos. Los jóvenes se entretienen cortejando a las niñas y haciendo bromas. Ellos arrojan pinturas o harina a las mujeres, y reciben igual respuestas de ellas. Toda la concurrencia salvo los ancianos y personas de respeto, recibe su buena dosis de pintura.
Aproximadamente tres semanas después del carnaval grande se realiza el carnaval chico, que dura tres días. Ya las flores del árbol del carnaval están marchitas, y es la señal para dar finalizada la fiesta. Para estos últimos días se observan nuevas máscaras llevadas por otros disfrazados, denominadas aña ndechi y que, como su nombre lo indica representan al aña envejecido. No se encuentra respuesta al significado de esta personificación pero quizá pueda estar indicando el próximo fin de la fiesta.
Se realiza así la botada o botadura del carnaval. Los bailes y las libaciones continúan de la misma forma, de casa en casa, según el orden prefijado por el jefe del carnaval. Aparecen nuevos personajes disfrazados con máscaras que representan animales. La concurrencia en este día es muy grande y los juegos con pinturas se tornan más audaces.
Cuando la fiesta finaliza los disfrazados se quitan las máscaras, las rompen y las tiran al río o al monte junto con la cruz del carnaval y las flores amarillas ya marchitas. Todos los participantes tratan de llevar algún manojo de estas flores para arrojar al agua. Si no hay río cerca, esta botada se hace en algún sitio de monte.
Después de romper las máscaras, los disfrazados se quitan sus ropas y se bañan en el río. Esta práctica del baño es muy importante y que en ausencia del río se realiza en la casa, y es muy importante, pues de no hacerlo se puede contraer alguna enfermedad, como sarna, piojos o peste. Este baño tiene una función aparentemente "purificadora" que se puede vincular asimismo con el baño ritual de los parientes de un muerto luego de su entierro. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

muy buen material para trabajar con niños de jardin