Maldonado, los muertos, Catamarca y Winston Churchill

Por Mauricio Runno

Esta semana sin proponerme alterar mi costumbre de no leer prensa de Mendoza me encontré con dos noticias que me asombraron. Y lo primero que pensé es que quizá debía leer en modo más frecuente el periodismo mendocino. Como todo tiene que ver con todo, solicito paciencia para "hablar" del derrotero de un artesano que preocupa al país y de la culminación de un acto público en su búsqueda, reunión multitudinaria, que devolvió una noción fuera de este tiempo histórico.

La primera noticia: en una de las autopistas centrales de acceso a Mendoza, a lo largo de más de 20 kilómetros, existe apenas un puente peatonal. Los hombres de a pie, literalmente, para cruzarlo, se exponen a accidentes. Muchísimos de ellos fatales. 

Cuando pensaba qué escribir este fin de semana apareció una idea, vieja en mi repertorio pero cada vez más actual. Sostengo que Mendoza se ha "catamarquizado", sin detrimento de quienes habitan Catamarca. 

En resumen quiero significar que Mendoza ha perdido su identidad, su capacidad de liderazgo y entonces su destino es bastante endeble, poco competente (no digo competitivo, pero también, ponele).

De tal modo que hoy sin portar estas cualidades históricas y hasta fundantes, este desierto parece autocompadecerse. Y cuando no es la  culpa de la globalización se trata del centralismo porteño. O de los precios en Chile o de la no ni si ("ni") explotación de minerales. El tono general es el que arrastra el Zonda: de marrón oscuro a clarito.

Segunda noticia: en esta provincia muere casi una persona por día por causas relacionadas con accidentes viales. Ahora no recuerdo la cifra exactamente pero es bastante espeluznante el dato. Nos devuelve una cultura suicida o asesina en materia de tránsito, lo que habla pésimo de valores como respeto, prudencia o tolerancia. No es una ciudad al estilo de Los Angeles, ni mucho menos, pero se maneja en nuestras rutas y caminos como si fuera el ingreso a una carrera. La política -es cierto- no ayuda a transformar esta calamidad con carácter de tontódromo. Por ahí alguna campaña pedorra. Nada efectivo. Más "Catamarca".

El furor de la venta de coches en Mendoza, que combustionan en base a sistemas contaminantes y ya obsoletos para los días de un mundo cruzado por la sentencia del cambio climático, también produce una industria de la muerte. Ignoro si las estadísticas de aquí tienen correlato con las nacionales. Pero es un detalle. Lo vital, justamente, es preservar las vidas, de los que conducen y de los que no. Y tal vez ponerse a tono con las tendencias que dominarán -y ya lo están haciendo-la industria automotriz del siglo XXI. Habría que dejar de parecerse a esa gente que siempre llega a la moda, pero dos décadas después. 

No he visto que nada de esto sea un tema en la agenda oficial, mucho menos en el ámbito privado, el club de empresarios mendocinos que tiene bastante para repensarse en función del atraso y la decadencia de Mendoza. La administración de lo público ni se menciona, pues basta recordar que tuvimos un gobernador llamado Pérez, acaso la cruda metáfora del abismo del estado provincial.

El artesano Maldonado podría haber sido víctima de un accidente fatal. Y nada hubiéramos hecho, sino cargar el tanque con nafta. Desapareció. No sé sabe mucho sobre lo que ocurrió. Y ojalá pueda ser una historia con final feliz. Pero hay que destacar algunos asuntos:

- Maldonado no es un líder político de importancia, no ha sido un preso político y mucho menos víctima del terrorismo de Estado. Maldonado es un argentino más, con los mismos derecho que tenemos todos. Y es necesario que el Estado, cualquiera sea el que ocupe el gobierno, proteja a quienes pretendemos una sociedad lógica.

- La dictadura en Argentina produjo espanto, terror y verguenza ajena por el desprecio sistemático al género humano. Creo que se naturaliza la palabra dictadura e incluso se la banaliza, siendo portavoz de delirios místicos o militantes. Con repasar el informe de la CONADEP cualquiera de los que hoy tiene el término "dictadura" fácil en sus diatribas debería disculparse, primero a sí mismo, luego con el resto y, principalmente, con las personas que padecieron aquella verdadera pesadilla.

- La cifra sobre personas desaparecidas en Argentina es también horrorosa, más allá de Maldonado. Hay una grieta allí, en el Estado -si quieren en los gobiernos- y no ponemos el foco en el futuro: que el sistema garantice los derechos constitucionales de cualquiera que habita aquí.

- La violencia política en el país no empezó con Macri ni con los Kirchner ni con Perón o Yrigoyen. Es un elemento penoso de nuestra identidad, posiblemente a causa de no contar con conflictos sociales más serios (de veta religiosa, étnica o lo que prefieran). Es una teoría sin sustento y casi una apología del amor que nos profesamos como si fuera lo único que tenemos en el mundo: la imposición, el control, la lucha, en una palabra, el canibalismo. En algún sentido no hemos hecho demasiado más que desplegar nuestras costumbres antropófagas a lo largo de la historia. 

Sigamos pidiendo por Maldonado, sin exageraciones ni dramaturgias pueblerinas. Pero no olvidemos a los que mueren, al menos aquí, al lado del camino, expuestos al peligro de cruzar de orilla allí donde alguien dispuso una autopista. Y a los que expulsan a la minería pero se trasladan en coches que utilizan el petróleo de las últimas guerras geopolíticas. 

Finalmente nunca puedo responderme una pregunta imposible: ¿quién sería el político más parecido a Winston Churchill en este país o en Mendoza? El cri cri de la respuesta dice más que varias pancartas circulantes en el escenario nacional.











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